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Duda una vez y piensas: ya la regué. Piensas que si de verdad creyeras, no tendrías preguntas.

Abraham era el amigo de Dios, el hombre al que Dios le habló cara a cara. Y dudó. La Biblia lo cuenta tal cual, sin taparlo.

Un versículo para empezar

¡Sí, creo, pero ayúdame a superar mi incredulidad! (Mr 9:24 NTV)

Un papá que quería creer y no podía del todo se lo dijo a Jesús tal cual. Dudar no te saca de la historia: puedes llevarle tu duda a Dios.

Qué enfrentó

Años antes, Dios le había dicho a Abram que de él saldría una gran nación (Gn 12:1-4). Pasó el tiempo. Abram seguía sin hijos.

Un día Dios le habló en una visión y empezó así:

«No temas, Abram, porque yo te protegeré, y tu recompensa será grande». (Gn 15:1 NTV)

Y Abram, en vez de dar las gracias, contestó:

«Oh Señor Soberano, ¿de qué sirven todas tus bendiciones si ni siquiera tengo un hijo? […] Tú no me has dado descendientes propios, así que uno de mis siervos será mi heredero». (Gn 15:2-3 NTV)

Esa es su queja. No la dice a escondidas ni con rodeos: se la dice a Dios en la cara.

Qué sintió

El texto no nombra la emoción, pero sus palabras suenan a decepción: lo que Dios le prometió no llega, y lo que sí tiene no le sirve de nada sin eso. Lo dice con una pregunta que duele: ¿de qué sirve?

Años después, a los noventa y nueve, Dios se le aparece otra vez y le confirma que Sara le dará un hijo. La reacción de Abraham:

Entonces Abraham se postró hasta el suelo, pero se rio por dentro, incrédulo. «¿Cómo podría yo ser padre a la edad de cien años?—pensó—. ¿Y cómo podrá Sara tener un bebé a los noventa años?». (Gn 17:17 NTV)

Está de rodillas y se ríe por dentro, incrédulo. Las dos cosas a la vez. Y enseguida le propone a Dios otra salida: que Ismael viva bajo su bendición (Gn 17:18).

Sara tampoco recibió la noticia con calma. Cuando la escuchó, se rio en silencio dentro de sí misma (Gn 18:12). Les pasó a los dos.

Quién lo sostuvo

Mira lo que Dios no hace. No lo regaña, no retira la promesa, no se va. Hace cuatro cosas.

Habla primero. El «No temas» de Gn 15:1 llega antes de la queja. Dios no esperó a que Abram estuviera tranquilo para hablarle.

Responde la queja. Cuando Abram dice que su siervo será su heredero, Dios contesta: «No, tu siervo no será tu heredero». Le da una respuesta concreta (Gn 15:4).

Lo saca de su cabeza. Dios «llevó a Abram afuera» y le dijo que mirara el cielo y contara las estrellas (Gn 15:5). Y entonces:

«Y Abram creyó al Señor, y el Señor lo consideró justo debido a su fe». (Gn 15:6 NTV)

Cumple, a su tiempo. «El Señor cumplió su palabra» con Sara, «justo en el tiempo que Dios dijo» (Gn 21:1-2). Cuando Sara se rio, Dios hizo una pregunta que sigue en pie: «¿Existe algo demasiado difícil para el Señor?» (Gn 18:14 NTV).

Mucho después, Pablo mira toda la vida de Abraham y escribe que «siempre creyó la promesa de Dios sin vacilar» y que su fe «se fortaleció aún más» (Ro 4:20 NTV). Esto no borra Gn 17:17: los dos textos están en la Biblia. Pablo no dice que Abraham nunca tuvo preguntas; dice cómo terminó su historia.

Y hoy, ¿quién te sostiene?

Estos pasajes muestran algo concreto: quien duda no está solo.

  • Jesús te entiende. «Nuestro Sumo Sacerdote comprende nuestras debilidades, porque enfrentó todas y cada una de las pruebas que enfrentamos nosotros». Por eso puedes acercarte «con toda confianza» (Heb 4:15-16 NTV).
  • Puede ayudarte con lo que no sabes decir. Un padre le dijo a Jesús: «¡Sí, creo, pero ayúdame a superar mi incredulidad!» (Mr 9:24 NTV). Jesús no le cerró la puerta; sanó a su hijo (Mr 9:25-27).
  • El Espíritu Santo ayuda cuando no tienes palabras. «Nosotros no sabemos qué quiere Dios que le pidamos en oración, pero el Espíritu Santo ora por nosotros» (Ro 8:26 NTV).

Dios, que habló primero; Jesús, que te entiende; y el Espíritu, que ora por ti: la duda no te deja fuera de ellos.

Un cuidado: Gedeón pidió dos señales con una lana de oveja y Dios se las dio (Jue 6:36-40). Es un relato de lo paciente que fue Dios con él, no un método para decidir. No lo uses como fórmula.

Y tú

Responde en voz alta o por escrito. Nadie tiene que contestar todo.

  1. Abram le dijo a Dios lo que sentía, sin maquillarlo. ¿Cuándo fue la última vez que le hablaste así a Dios?
  2. Abraham estaba de rodillas y se reía por dentro. ¿Se puede creer y dudar a la vez? ¿Cómo lo ves en tu vida?
  3. Dios habló primero, antes de la queja. ¿Qué cambia si piensas que no tienes que arreglar tus dudas antes de acercarte?
  4. Dios lo llevó afuera a mirar las estrellas. ¿Qué te ayuda a ti a salir de tu cabeza cuando dudas?
  5. El padre de Marcos 9 dijo: «Creo, pero ayúdame». ¿Qué te cuesta creer hoy, y qué le pedirías a Jesús en esa frase?
  6. ¿A quién tienes cerca a quien le puedas contar una duda sin que te juzgue? Si no tienes a nadie, ¿qué te lo impide?

Dinámica con el mazo

Tiempo: 20 minutos · Jugadores: 2 a 5 por mesa · Material: el mazo. Las reglas del juego no cambian.

Juega una partida normal con un único añadido: cada Prueba abre una pausa de un minuto.

  • Cuando alguien juegue Duda contra otro jugador, el que la recibe completa en voz alta: «A veces dudo de Dios cuando…». Puede decir «paso» sin dar explicaciones.
  • Si el atacado se defiende con una Fe (Oración, Confianza o Humildad), dice qué o quién lo sostiene: «Lo que me sostiene es…».
  • El líder abre la primera vez, para que a nadie le toque ser el primero en contar algo personal.
  • Al terminar la partida, quien quiera responde una de las preguntas de «Y tú».

Por qué funciona: en el juego, Duda te quita una Fe, y Confianza (la Fe de Abraham) es una de las que te defienden. Es lo mismo que enseña el estudio: la duda llega, pero no estás sin defensa.

Datos prácticos

  • Edad: 12 a 20. Sin pasajes delicados.
  • Tiempo: 7 minutos de lectura, 20 de dinámica.
  • Materiales: el mazo, esta lectura y, si quieres, una Biblia para leer Gn 15 completo.
  • Siguientes estudios: Miedo (Abraham, Gn 12:10-20), Confianza (Gn 15:1-6) y Fidelidad (Gn 21:1-2).

Texto bíblico: La Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente, © Tyndale House Foundation, 2010. Todos los derechos reservados.

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